LA SIESTA

De Google (18/07/2025)

 

Que, en Jerez, León y en otras o casi todas partes del mundo se duerme la siesta es un axioma, pero de ¿dónde viene eso de la siesta? Para algunos tal palabra deriva de la división canóniga del día y corresponde a la hora sexta (las 12 horas). Las otras son: laudes (las 00 horas), maitines (las 03 horas), prima (las 06 horas), tercia (las 09 horas), nona (las 15 horas), vísperas (las 18 horas) y completas (las 21 horas).

Para otros la misma palabra proviene de la división del día en la antigua Roma que no eran 24 partes iguales durante todo el año, sino que repartían el tiempo de luz (el día) en doce horas. De esta manera, en verano, las horas resultaban más largas que en invierno. Para medirlas utilizaban relojes de sol y más raramente de agua. Las horas de luz las denominaban de la siguiente manera: hora prima (la primera hora del día, la del amanecer), secunda, tertia, cuarta, quinta, sexta (el mediodía, lapso del día comprendido entre las 12 y las 15 horas, momento en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas), séptima, octava, nona, décima, undécima y duodécima (la puesta del sol) y las noches las dividían en cuatro partes, atendiendo a los turnos de vigilancia de los campamentos militares: prima vigilia, secunda vigilia, tertia vigilia y cuarta vigilia también con duración diferente según la época del año.

Ambas teorías coinciden en señalar que la palabra siesta proviene de la hora sexta, tanto canóniga como romana y que es una costumbre consistente en descansar desde algunos minutos hasta un par de horas después de comer para recuperar energías y quitar la modorra. Vamos, lo que se llama “echar una cabezada o “dejarse caer un poco”.

Durante mucho tiempo se pensó que era una costumbre andaluza, debido al calor y a que éramos muy flojos (léase vagos); después se amplió la teoría afirmándose que la práctica era española (pueblo holgazán) y ahora se sabe que no se trata solo de una costumbre hispánica sino que tiene una razón biológica pues está demostrado científicamente que una siesta de no más de 30 minutos (más tiempo puede trastocar el reloj biológico natural y causar insomnio por la noche) mejora la salud en general y la circulación sanguínea y previene el agobio, la presión o el estrés. Además, favorece la memoria y los mecanismos de aprendizaje y proporciona la facultad de prolongar la jornada de trabajo y la de ocio al poderse resistir sin sueño hasta altas horas de la noche con poca fatiga acumulada.

Mi padre decía: “voy a dejarme caer un poquito” y dormía una hora o más. claro, que era en el verano jerezano con un montón de grados. Por cierto que, en Córdoba por los años 60 del siglo pasado, se decía que el calor se dividía así: “el caló” (calor moderado), “la caló” (más que moderado), “lah caloreh” (el no va más, por no decir la leche). Pues en cualquiera de los tres casos e incluso. sin calor viene bien una buena siestecita

¿Qué dice la Real Academia Española en la entrada siesta de su diccionario?

El de Autoridades (1739): “f. f. El tiempo después de medio día en que aprieta más el calor. Viene del latino Sexta, por corresponder a esta hora. Lat. Quies meridiana. Cerv. Nov. Diál., pl. 398. ‘Digo pues, que una siesta de las del verano pasado, estando cerradas las ventanas, y yo cogiendo el aire debaxo de la cama del uno de ellos el Poeta comenzó a quexar lastimosamente de su fortuna.’ // Lop. Jerus., lib. 5. Oct. 14. ‘En este Elisa en una fiesta ardiente / Daba envidia a las rosas y a las flores.” 2. “Llaman también el punto de Música que en las iglesias se canta por la tarde. Dixose así porque en las Catedrales se canta en la hora de la siesta.”

Las ediciones del DLE de 1780, 1783 y 1791: “s. f. El tiempo después de mediodía en que aprieta más el calor. Quies meridiana.” 2. El punto de música, que en las iglesias se canta por la tarde. Musica, cantus post-meridianus.

La edición de 1803 ¡novedades! Incluyen 4 acepciones más: 1. “s. f. El tiempo después de mediodía en que aprieta más el calor. Quies meridiana.” 2. “El tiempo destinado para dormir o descansar después de comer. Pomeridiani quietis, aut dormitionis tempus.3. “El sueño que se toma después de comer. Pomeridiana dormitio.4. El punto de música, que en las iglesias se canta o toca por la tarde. Musica, cantus postmeridianus.

La edición de 1817 repite todo lo anterior y añade: “Dormir la siesta. Echarse a dormir después de comer. Somnum miridianum capere.

Desde 1822 hasta 1852 se repite el contenido de 1803.

En 1869 y 1884, la Academia mantiene las mismas acepciones pero suprime las traducciones latinas.

En 1899 y 1914 cambian los Académicos “dormir la siesta” por “dormir uno la siesta.”

En la edición de 1925 ¡novedad! incluye una acepción más: “del carnero” y dice que es la “que se duerme antes de la comida del mediodía.”

1927 repite lo dicho en 1925.

1936 todo igual excepto que cambian “dormir uno la siesta” por “dormir o echar uno la siesta.”

Desde 1939, hasta 1992 no hay ninguna variación.

 

La ediciones electrónicas 2001 y Tricentenario dicen textualmente: “(Del lat. sexta [hora] '[hora] sexta', tiempo que equivalía al mediodía. 1. f. Sueño que se toma después de comer. 2. f. Tiempo destinado para dormir o descansar después de comer. 3. f. Tiempo después del mediodía, en que aprieta más el calor. 4. f. Música que en las iglesias se cantaba o tocaba por la tarde. // Siesta del carnero. 1. f. siesta que se duerme antes de la comida del mediodía. // Dormir, o echar, alguien la siesta 1. locs. verbs. Echarse a dormir después de comer.”

Sinónimos o afines de siesta: sueño, sesteo, cabezada, reposo, descanso, motoso1  (En Colombia, sueño breve o cabezada)

LA CANÓNIGA

El DRAE (1899) se descuelga con una nueva significación y denominación de la siesta, pues en la entrada canóniga dice: “(De canónigo). f. fam. Siesta que se duerme antes de comer.” Esta definición se repite invariablemente hasta la edición electrónica del Tricentenario, con una variedad en la Histórica (1936), que añade esta cita: “Yo me eché por ver si hacía al menos una canóniga. Fernán Caballero, Elia, ed. 1903, p. 58.”

Pero, porqué canóniga. Veamos, si los canónigos de las Catedrales madrugaban mucho y, además sobre las 12 de la mañana (hora sexta) tenían que cantar o rezar los divinos oficios en el coro, es natural que tuvieran sueño y entre cántico y cántico se quedaran un poco traspuestos. Además, recuérdese que en la parte inferior de los escaños tenían un travesaño donde asentar sus posaderas de tal manera que estando el asiento levantado estaban como de pie pero sentados. Es decir que el peso de sus cuerpos se repartía en tres puntos de apoyo. De ahí es fácil colegir que una cabezadita de cuando en cuando se les escapara.

La canóniga se conoce también como siesta del carnero (registrada en el DRAE) y, además: siesta borreguera, siesta del burro y siesta de la burra que, de momento, no están reconocidas por la Academia.

Por otra parte, sestear es un verbo que significa, refiriéndose a las personas, pasar la siesta durmiendo o descansando y dicho del ganado expresa recogerse durante el día en un lugar sombrío para descansar y librarse de los rigores del sol. Así es que, para mejor despertar, acabo con un refrán: “En invierno al humero[1] y en verano la siesta del carnero.”

 

 



[1]Humero. “Cañón de chimenea por donde sale el humo o habitación donde se ahúma la matanza para que se cure o tabla sobre una cocina de leña para secar leña y preservar alimentos”  (DRAE, 2001).

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