LA SIESTA
Que, en Jerez, León y en otras o casi todas partes
del mundo se duerme la siesta es un axioma, pero de ¿dónde viene eso de la
siesta? Para algunos tal palabra deriva de la división canóniga del día y
corresponde a la hora sexta (las 12 horas). Las otras son: laudes (las 00
horas), maitines (las 03 horas), prima (las 06 horas), tercia (las 09 horas),
nona (las 15 horas), vísperas (las 18 horas) y completas (las 21 horas).
Para
otros la misma palabra proviene de la división del día en la antigua Roma que
no eran 24 partes iguales durante todo el año, sino que repartían el tiempo de luz (el día) en doce horas. De esta manera, en verano, las horas resultaban más largas que
en invierno. Para medirlas utilizaban relojes de sol y más raramente de agua.
Las horas de luz las denominaban de la siguiente manera: hora prima (la primera
hora del día, la del amanecer), secunda, tertia, cuarta, quinta, sexta (el
mediodía, lapso del día comprendido
entre las 12 y las 15 horas, momento en el cual se hacía una pausa de las
labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas), séptima, octava, nona,
décima, undécima y duodécima (la puesta del sol) y las noches las dividían en
cuatro partes, atendiendo a los turnos de vigilancia de los campamentos
militares: prima vigilia, secunda vigilia, tertia vigilia y cuarta vigilia
también con duración diferente según la época del año.
Ambas teorías coinciden en
señalar que la palabra siesta proviene de la hora sexta, tanto canóniga como
romana y que es una costumbre consistente en descansar desde algunos minutos hasta un par de horas después de comer para recuperar energías y
quitar la modorra. Vamos, lo que se llama “echar una cabezada o “dejarse caer
un poco”.
Durante mucho tiempo se pensó
que era una costumbre andaluza, debido al calor y a que éramos muy flojos (léase
vagos); después se amplió la teoría afirmándose que la práctica era española (pueblo
holgazán) y ahora se sabe que no se trata solo de una costumbre hispánica sino
que tiene una razón biológica pues está demostrado científicamente que una
siesta de no más de 30 minutos (más tiempo puede trastocar el reloj biológico natural y causar insomnio por la noche) mejora la salud en general y la circulación sanguínea y
previene el agobio, la presión o el estrés. Además, favorece la memoria y los mecanismos de aprendizaje y proporciona la facultad de prolongar la jornada de trabajo y la de
ocio al poderse resistir sin sueño hasta altas horas de la noche con poca fatiga acumulada.
Mi padre decía: “voy a dejarme caer un poquito” y dormía una hora o
más. claro, que era en el verano jerezano con un montón de grados. Por cierto
que, en Córdoba por los años 60 del siglo pasado, se decía que el calor se
dividía así: “el caló” (calor moderado), “la caló” (más que moderado), “lah
caloreh” (el no va más, por no decir la leche). Pues en cualquiera de los tres
casos e incluso. sin calor viene bien una buena siestecita
¿Qué dice la Real Academia Española en
la entrada siesta de su diccionario?
El
de Autoridades (1739): “f. f. El tiempo después de medio día en que aprieta más
el calor. Viene del latino Sexta, por
corresponder a esta hora. Lat. Quies
meridiana. Cerv. Nov. Diál., pl. 398. ‘Digo pues, que una siesta de las del
verano pasado, estando cerradas las ventanas, y yo cogiendo el aire debaxo de
la cama del uno de ellos el Poeta comenzó a quexar lastimosamente de su
fortuna.’ // Lop. Jerus., lib. 5. Oct. 14. ‘En este Elisa en una fiesta
ardiente / Daba envidia a las rosas y a las flores.” 2. “Llaman también el
punto de Música que en las iglesias se canta por la tarde. Dixose así porque en
las Catedrales se canta en la hora de la siesta.”
Las
ediciones del DLE de 1780, 1783 y 1791: “s. f. El tiempo después de mediodía en
que aprieta más el calor. Quies
meridiana.” 2. El punto de música, que en las iglesias se canta por la
tarde. Musica, cantus post-meridianus.”
La
edición de 1803 ¡novedades! Incluyen 4 acepciones más: 1. “s. f.
El tiempo después de mediodía en que aprieta más el calor. Quies meridiana.” 2. “El tiempo destinado para dormir o
descansar después de comer. Pomeridiani
quietis, aut dormitionis tempus.” 3. “El sueño que se toma después
de comer. Pomeridiana dormitio.” 4.
El punto de música, que en las iglesias se canta o toca por la tarde. Musica, cantus postmeridianus.”
La
edición de 1817 repite todo lo anterior y añade: “Dormir la siesta. Echarse a
dormir después de comer. Somnum
miridianum capere.”
Desde
1822 hasta 1852 se repite el contenido de 1803.
En
1869 y 1884, la Academia mantiene las mismas acepciones pero suprime las
traducciones latinas.
En
1899 y 1914 cambian los Académicos “dormir la siesta” por “dormir uno la
siesta.”
En
la edición de 1925 ¡novedad! incluye una acepción más: “del carnero” y dice que
es la “que se duerme antes de la comida del mediodía.”
1927
repite lo dicho en 1925.
1936
todo igual excepto que cambian “dormir uno la siesta” por “dormir o echar uno
la siesta.”
Desde
1939, hasta 1992 no hay ninguna variación.
La
ediciones electrónicas 2001 y Tricentenario dicen textualmente: “(Del lat. sexta
[hora] '[hora] sexta', tiempo que equivalía al mediodía. 1. f. Sueño que se toma después de comer. 2. f. Tiempo destinado para
dormir o descansar después de comer. 3. f. Tiempo después del mediodía, en que
aprieta más el calor. 4. f. Música que en las iglesias se cantaba o
tocaba por la tarde. // Siesta del carnero. 1. f. siesta que se duerme antes de la comida del
mediodía. // Dormir, o echar, alguien la siesta 1. locs. verbs. Echarse a dormir después de comer.”
Sinónimos o afines de siesta: sueño,
sesteo, cabezada, reposo, descanso, motoso1 (En Colombia, sueño breve o cabezada)
LA
CANÓNIGA
El
DRAE (1899) se descuelga con una nueva significación y denominación de la siesta,
pues en la entrada canóniga dice: “(De canónigo). f. fam. Siesta que se
duerme antes de comer.” Esta definición se repite invariablemente hasta la
edición electrónica del Tricentenario, con una variedad en la Histórica (1936),
que añade esta cita: “Yo me eché por ver si hacía al menos una canóniga. Fernán
Caballero, Elia, ed. 1903, p. 58.”
Pero,
porqué canóniga. Veamos, si los canónigos de las Catedrales madrugaban
mucho y, además sobre las 12 de la mañana (hora sexta) tenían que cantar o
rezar los divinos oficios en el coro, es natural que tuvieran sueño y entre
cántico y cántico se quedaran un poco traspuestos. Además, recuérdese que en la
parte inferior de los escaños tenían un travesaño donde asentar sus posaderas
de tal manera que estando el asiento levantado estaban como de pie pero
sentados. Es decir que el peso de sus cuerpos se repartía en tres puntos de
apoyo. De ahí es fácil colegir que una cabezadita de cuando en cuando se les
escapara.
La
canóniga se conoce también como siesta del carnero (registrada en
el DRAE) y, además: siesta borreguera, siesta del burro y siesta de la burra
que, de momento, no están reconocidas por la Academia.
Por otra parte,
sestear es un verbo que significa, refiriéndose a las personas, pasar la siesta durmiendo o
descansando y dicho del ganado expresa recogerse durante el día en un lugar
sombrío para descansar y librarse de los rigores del sol. Así es que, para
mejor despertar, acabo con un refrán: “En invierno al humero[1]
y en verano la siesta del carnero.”
[1]Humero. “Cañón de
chimenea por donde sale el humo o habitación donde se ahúma la matanza para que
se cure o tabla sobre una cocina de leña para secar leña y preservar
alimentos” (DRAE, 2001).
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