GOYA Y LOS JUEGOS EN EL MUSEO DEL PRADO
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Los juegos tradicionales son parte de la cultura de los pueblos: están en la música con las canciones de corro y para el columpio (bamberas) y con las nanas en las que las madres y los niños se recrean con el juego de dormir, también están presentes en la literatura escrita y de transmisión oral en prosa y en verso, en la pintura y escultura y en tantas otras manifestaciones del acervo cultural de una nación. Son acciones regladas pero a la vez actividades libres porque responden a la exactitud del código pero permiten el cambio de su reglamento aumentando o disminuyendo las penalizaciones a voluntad de los actores y plegándose a su creatividad. ¿Quién pone, quién, se queda?
Son faenas sencillas en apariencia,
antiguas y pasadas de moda para algunos pero con un gran valor perceptivo y
motor que es necesario, más que necesario, obligatorio aprovechar en beneficio
del desarrollo de la población escolar:
el perfeccionamiento de la coordinación fina de la nano y dedos con las canicas
o las tabas, el cálculo de distancia que exige el lanzamiento del trompo para
atinar a golpear al del otro y la destreza para cuando está bailando recogerlo
del suelo, que siga haciéndolo en la
mano y mientras danza lanzarlo para que golpee otros objetos, el cálculo de
velocidad, distancia y trayectoria que necesita el golpe a la bigarda, billalda
o tala y la velocidad y puntería del que la recoge y lanza de nuevo y tantas y
tantas acciones que obligan a realizar los hacen necesarios para la
culturización, socialización y ejercicio tanto físico como intelectual.
El estudio de los juegos tradicionales, su recogida y difusión es labor que vengo haciendo desde hace muchos años. Este trabajo que ahora ve la luz está publicado en edición restringida y privada sin fines de lucro,
La estructura de esta monografía es la siguiente: presentación, título del juego o de los juegos, ilustración (cuadro de Goya descargado del Museo del Prado, resumen de la descripción del cuadro tomada del mismo Museo y breve descripción del juego resumida de anteriores publicaciones mías y bibliografía,
NOTA, La descarga de imagenes del Museo del Prado bajada de su página web https://www.museodelprado.es/coleccion/ está autorizada para:
· - Uso personal o privado
· - Ámbito académico, investigación, estudio privado o para la circulación interna dentro de una organización educativa reglada (como una escuela, instituto o universidad)
· - Publicaciones sin fines de lucro, sitios web personales, blogs y medios sociales.”
EL COLUMPIO
“Este
cartón…, representa una excursión campestre de tres mujeres con cuatro niños
elegantemente vestidos y su perro. El muchacho sentado tira de una cuerda para
columpiar a una de las mujeres, vestida de maja, mientras que el menor, llevado
por las andaderas sostenidas por una criada, ofrece una flor a las muchachas,
imitando el galanteo de los adultos.
El tapiz resultante estaba
destinado a la decoración del antedormitorio de los príncipes de Asturias (el
futuro Carlos IV y su mujer María Luisa de Parma) en el Palacio de El Pardo de
Madrid...” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/.
11-7-2019).
Mercurial
(1569) en su De Arte Gimnástica, Libro segundo, trata sobre el “petauro”
(columpio) y sobre sus efectos medicinales del que dice textualmente: "...yo
creo que el petauro se asemeja aquel vamboleo (sic) que usan hoy muchos jóvenes
y muchachos suspendiendo una tabla del techo con cuatro cuerdas y allí sentados
se voltean por el aire, jenero (sic) de ejercicio que juzgo que los antiguos
llamaron columpio, y este es, quizá el que Avicena (980-1037)[1],
recomendó para contener el sudor diciendo, que el enfermo se ponga sobre el instrumento en que los
muchachos y jóvenes se voltean en el aire."
Covarrubias
(1611) se refiere al columpio de esta manera: "...es una soga fuerte y
doblada que se echa sobre alguna viga del techo y subiéndose en ella una
persona, las demás la bambolean de una parte a otra, y en el Andaluzía (sic) es
juego común de las moças, (sic) y la que se columpia está tañendo un pandero y
cantando[2].
Es juego muy antiguo del cual hacen mención algunos autores y en especial Julio
Pólux[3]...
Dixose columpio a colo, porque parece estar colgada la persona que se columpia
por el cuello..."
El
Diccionario de Autoridades (1729) dice en este lema: “Invención o especie de
juego o entretenimiento que usan las mozas y los muchachos en sus solaces…”
Alcalá (1931) lo define así: “Columpio o mecedero con tabla. (Es voz de la provincia de Sevilla).” Y añade la letra de esta bambera[4]: “La niña que está en la bamba / es mi hermana y no me pesa, / que la quisiera tener / de corona en la cabeza.”
EL JUEGO DE PELOTA A PALA
1779. Óleo sobre lienzo, 261 x 470 cm
El Diccionario de Autoridades (1737) en la voz pelota trae lo siguiente: 1. “La bola pequeña, que se hace de cuero fuerte, y se suele rellenar de borra y sirve para el juego, que de ella tomó el nombre. Viene del nombre Pelo, de que se forma. // Praga. de TASS. año 1680, f. 15. ‘Cada docena de pelotas blancas, no puede pasar de ochenta y cinco maravedíes’ // L. Grac. Crit. 8. ‘Daba con la pelota por aquellos aires, con más presteza cuanto más impulso.” 2. “Pelota. Se toma también por el juego que se hace con ella. // Ant. Agust. Dial. de Medall., pl. 105. ‘Una pala con red, que llaman raqueta, con que juegan los franceses en trinquete a la pelota.’ // L. Grac. Critic. part. I, Cris. 8. ‘Había un gran partido de pelota, proprio (sic) entretenimiento del mundo.” 3. “Pelota de viento. La bola de cuero que se deja hueca, y con una vejiga, y se carga de aire dentro y sirve también para el juego. // Veneg. Diser. lib. 2, cap. 38. ‘Los cielos son redondos y cóncavos, como una pelota de viento.” // 5. “Juego de pelota. Diversión y ejercicio honesto, que ordinariamente usan los nobles y gente honrada, el cual se practica ajustando el partido tres a tres, cuatro o cuatro. En cada partido hay uno que saca, otro que vuelve, otro que contrarresta. Juégase (sic) con unas palas de madera enherbadas (sic), aforradas con pergamino, con que se arrojan las pelotas. // Momend, Sob. las 300. Copl. 229. ‘Estos mismos hallaron el juego de los dados y de la pelota.” 6. “Juego de pelota. Se llama también el sitio o lugar adonde se juega a la pelota. // Jacint. Pol. pl. 295. ‘Aquí hay juego de pelota... Las mujeres gustan más de sacar que de volver.”
La edición de 1832, en la voz juego, trae: “Juego de pelota. Especie de juego entre dos o más personas, que consiste en arrojar unas a otras o hacia alguna pared una pelota con la mano o pala. Si se dirige de persona a persona se llama juego a largo, y si a la tapia se llama ple.
EL LEGO DE LOS PATINES
1824 - 1828. Lápiz sobre papel verjurado, agrisado, 192 x 147 mm.
“El dibujo representa a un monje patinando…Una vez más, Goya lanzó una aguda crítica contra el clero […] El patinaje era un divertimiento popular sobre todo en Holanda en el siglo XVI y tema frecuente en la pintura holandesa de aquel siglo, como en los cuadros de Brueghel el Viejo y el Joven, difundido también por grabados […] Goya, sin embargo, ha convertido esta diversión popular en una escena grotesca al representar a un monje patinando, vestido con su hábito monacal debajo del cual lleva unos pantalones largos, cubierta la cabeza con un gorro y colgando de su cinturón una bolsa seguramente de dinero o de otras preciosidades como las que se mencionan en una sátira contra los clérigos publicada en el no 23 de El Zurriago, revista liberal publicada entre los años 1820 y 1823. Las manos del monje están cubiertas por el manto, así que le resulta difícil mantener el equilibrio sobre los patines, cuyas cuchillas alargó Goya considerablemente. El exagerado movimiento y la postura inestable, junto con la obtusa y contenta expresión de la cara, de rasgos caricaturescos, confieren un carácter absurdo a este personaje que se dedica a una de las actividades estimadas como útiles para la salud física y moral. Fracasa, sin embargo, su intento de incorporar algo de la ética de la Ilustración y de la sociedad moderna, considerada aquí como incompatible con el riguroso rechazo por parte del clero de cualquier forma de progreso… (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 11-7-2019).
Hay patines para el hielo y
sobre ruedas (4 ruedas 2 a 2 y en línea). Otras variedades: monopatín
(patineta, “skateboard”, tabla de patinaje) y patinete con guía (monopatín,
patín del diablo). En tiempos se usaba otro patín o carrito (en León goiti o
goite) con 4 ruedas, tabla para sentarse y guía para conducir con los pies.
EL PELELE
1791-1792. Óleo sobre lienzo, 267 x 160 cm.
“Cuatro jóvenes vestidas de majas mantean un pelele en un entorno de paisaje frondoso, atravesado por un río, con la presencia de un edificio de piedra al fondo. El juego, practicado durante algunas fiestas populares y rito de despedida de la soltería, simboliza aquí el poder de la mujer sobre el hombre, asunto general de este conjunto y repetido en la obra de Goya, con ejemplos en las series de grabados de los Caprichos y de los Disparates, así como en sus álbumes de dibujos…” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 11-7-2019).
Existe
una caricatura inglesa de 1808 en la que un pelele es manteado. El manteado es
José Bonaparte, uno de los manteadores es Wellington, y, Napoleón observa todo
desde detrás de una tapia.
La
primera vez que la Academia registra el vocablo pelele es en la edición de
1817, y dice así: “Pelele, s. m. Figura humana de paja o trapos que se suele
poner en los balcones o que mantea el pueblo bajo en las carnestolendas.” //
“Pelele. met. fami. La persona simple o inútil.”
Un pelele era también un
muñeco con vestimenta de soldado, de época o cómica que se ponía en el ruedo,
en algunos festejos taurinos, para que el toro se cebase en él. Tal monigote
era conocido también como don Tancredo.
En las fiestas de León
denominadas “los mayos”, según Viñayo (1992), se colocaban dos peleles (uno
hombre y otro de mujer en todo lo alto del chopo preparado a tal efecto, para
que los mozos treparan hasta ellos.
Wikipedia (13-8-2019) dice de este fantoche: “…En tiempos de estos carnavales primitivos (hacia principios del siglo XVIII) se manteaba incluso a curas y se les cantaba una canción en tono de broma: ‘Debajo de la cama del Señor Cura, / hay un canastillo de confitura./ Los confites más gordos son para el ama / y los más pequeñitos ‘pa’ la criada.’ Otra de las canciones más conocidas, sobre todo en estos últimos tiempos, traída a la memoria en el final de la película ‘Los fantasmas de Goya’ […]: ‘El pelele está malo ¿qué le daremos? / Una zurra de palos ¡que le matemos! / El pobre pelele, pelen pelela, / se tienta lo suyo, lo tiene ‘arrugao’, / le da con el dedo, lo quiere bullir, / el pobre pelele se quiere morir.’ En realidad, este canto tiene una notable connotación sexual atribuida a la potencia sexual de los hombres; esta canción era cantada por mujeres mientras manteaban al pelele.”
JUGADORES DE NAIPES
1777 – 1778. Óleo sobre
lienzo, 270 x 167 cm.
“Un grupo de majos
juega a los naipes en el campo, a la sombra de la capa colocada sobre las ramas
de un árbol. Uno de ellos mira preocupado sus cartas, como lo hace también su
compañero, ya que las monedas de oro de ambos han ido a parar al sombrero de su
oponente, recostado en el suelo frente a ellos. A sus espaldas, tres truhanes,
hacen señas a su compinche para indicarle las cartas que llevan sus dos
incautas víctimas. Los contrastes de luces y sombras, perfectamente estudiados,
acentúan la belleza del colorido variado, que resalta el realismo de esta
escena de engaño, en la que Goya se detuvo con esmero en los rostros y las
expresiones de cada una de las figuras. El tapiz resultante de este cartón
colgaba en el comedor de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su
esposa María Luisa de Parma) en el Palacio de El Pardo en Madrid. La serie de
la que forma parte se componía de diez tapices de asuntos “campestres” (todos conservados
en el Museo del Prado, P00768-P00777), siendo su composición, ya en
estos años, de invención del propio Goya, como consta en los documentos
relativos al encargo.” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/.
11-7-2019).
La Real Academia Española tiene registrados en las
ediciones de su Diccionario los siguientes juegos de naipes: “cometa”, “el parar”, “faraón”, “guerrilla”, “guiñote”, “juego de las pintas”,
“juego del hombre”, “julepe”, “malcontento”, “malilla”, “manta”, “matarrata”, “mediator”, “monte”, “mus”,
“pecado”, “pechigonga”, “pedir rey”, “pichona”, “primera”, “quince”, “quínolas”,
“real oca”, “rentoy”, “revesino”, “runfla”, “sacanete”, “sacar cartas”, “sacar pajas”, “siete y media”, “tenderete”, “tres
sietes”, “tresillo”, “triunfo”, “truque”, “tute” y “zanga”, pero seguro que hay
más.
Según Martínez (1910) los
naipes de espadas representan la guerra, los de oros el dinero, los de copas el
vicio y los de bastos pueden encarnar tanto una estaca como la horca. El mismo
autor afirma que el juego más clásico en España es “el guiñote” y que las
trampas que se utilizan para jugar con ventaja son “el pego”, “el cerillo”, “el
falso corte”, “los naipes marcados”, “los mirones” y “jugar con falso compañero”.
Los juegos de naipes son muy atractivos tanto para mayores como para niños por la gran variedad de modalidades que se han creado.
LA
COMETA
1777 – 1778. Óleo sobre lienzo, 269 x 285 cm.
“Según Goya en la factura de este cartón, la escena
principal describe a unos jóvenes que ‘han salido al campo a echar una cometa’.
En primer término, un majo fuma sentado en el suelo, lanzando el humo al aire.
Al fondo, varias parejas charlan y observan el vuelo de la cometa, mientras el
perro sentado mira al espectador. El edificio del fondo se ha interpretado como
un observatorio astronómico, proyecto del que se habló continuamente durante el
reinado de Carlos III.
El tapiz resultante
de este cartón colgaba en el paño de muro, entre las ventanas, del comedor de
los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de
Parma) en el Palacio de El Pardo de Madrid. La serie de la que formaba parte se
componía de diez tapices de asuntos “campestres” (todos conservados en el Museo
del Prado, P00768-P00777), siendo su composición ya en
estos años de invención del propio Goya, como consta en los documentos
relativos al encargo.” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 11-7-2019).
Un cometa es un astro pero la cometa
de la que se trata aquí es la que el Diccionario de Autoridades (1729) describe
así: “Llaman también a una figura que imita la del cometa, hecha de papel
engrudado con sus alambres, y un cordel de muchas brazas de largo: la cual
cuando hay viento la arrojan por diversión desde una parte alta e impelida del
viento, dándole cuerda, se remonta de manera, que parece ave que vuela: y de
noche la suelen poner unos farolillos con luz, con que burlan a los ignorantes
y muchachos, creyendo que es ora (sic) cosa.”
Otras denominaciones: “bicha”, “birlocha”,
“milocha”, “pandero”, “pandorga”, “papacote”, “páxara”, “pájaro volador” y
“páxaro bitando”.
Se asegura que la cometa nació en la
antigua China; dicen que fue usada para comunicaciones militares jugando con
colores y formas; se sabe que Benjamín Franklin la utilizó para investigar a
los rayos e inventar el pararrayos y se dice que los niños europeos del siglo
XII ya jugaban con ella, por lo tanto es un juego tradicional del que Gorris (1976)
afirma que antes de ser juguete era un instrumento mágico. El mismo autor cita
a Caillois (1958) para aseverar que los coreanos se servían de ellas con el fin
de liberarse de los malos pecados. Según Hernández (¿1900?) las cometas, según
su forma, se conocen como: “de cruz”, “de trompo”, “de cuadro” y “de estrella”.
Aunque, añade, también las hay de fantasía con figuras de hombre, de pájaro, de
animales, de mariposas, etc.
José L. Sampedro (2016) dijo de las
cometas: “La libertad vuela como las cometas. Vuela porque está atada. Usted
coja una cometa y láncela, no vuela. Pero átele una cuerda y entonces resistirá
al viento y subirá. Cuál es la cuerda de la cometa de la libertad: la igualdad
y la fraternidad. Es decir, la libertad responsable frente a los demás”.
LA GALLINA CIEGA
1788. Óleo sobre lienzo, 41 x 44 cm.
“Un grupo de cinco parejas, varios majos y majas, así como una dama y un caballero vestidos con elegancia a la francesa, juegan a la ‘gallina ciega’, entretenimiento conocido también como del ‘cucharón’. En el centro del corro, uno de los majos, con los ojos vendados, intenta alcanzar a sus compañeros con la cuchara de madera, mientras que una de las jóvenes, tal vez su pareja, se esconde tras la dama del elegante sombrero. El fondo de paisaje recrea las orillas del río Manzanares a su paso por Madrid y las lejanías reconocibles de la sierra de Guadarrama. Este es el único boceto del que Goya llegó a pintar el correspondiente cartón (P00804), preparatorio para una de las escenas del conjunto de tapices ordenado para decorar el dormitorio de las Infantas, las hijas del futuro Carlos IV (1748-1819) y María Luisa de Parma (1751-1818), en el Palacio de El Pardo en Madrid…” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 11-7-2019).
Es un juego de niños pero también
de mayores citado en la Novela Picaresca Española (La pícara Justina) así; “Tras esto le asestó el sombrero
sobre los ojos, no tanto por arroparle cuanto por arroparse con la carpeta o
sobremesa sin que lo columbrase el
labrador, a quien dejaba hecho pita ciega[5]” que ha sido pintado por Goya
y por otros autores, por lo tanto es un famoso juego que en Andalucía se le
conoce como “pello”, en Segovia se
denomina “vísula”, en Bolivia se le dice “ratoncito” y en México se llama “moma”.
Covarrubias (1611) describe el
juego de esta manera: “Tienen los niños un juego que llaman de la gallina
ciega, atando a alguno de ellos (a quien cayó por suerte) una venda a los ojos
que no pueda ver, y los demás le andan alrededor tocando en el suelo con un
çapato (sic), y diciendo: Çapato (sic) acá; y suelen darle en las espaldas con
él; pero al que él diere palmada con la mano o con el çapato, que trae en ella,
entra en su lugar. El juego es muy antiguo...”
El Diccionario de Autoridades
(1734), en la entrada gallina, dice: “Juego con que se divierten los muchachos
y se ejecuta vendando a uno de ellos los ojos, al cual los demás dan palmadas
en las espaldas, hasta que coge a alguno, el cual se pone en su lugar y hacen
lo mismo con él…”
Aleluyas del s. XIX: “Al cucharón, el vendado / pega si no es despejado” // “No sea lerdo el que juega / a la gallinita ciega.”
LA NOVILLADA
1780. Óleo sobre lienzo, 259 x 136 cm.
“Dos jóvenes jugando con un
novillo, el uno en ademán de ponerle un parche, detrás de estos otros dos en
postura de sortearle. Se ha querido ver como autorretrato de Goya al joven
protagonista vestido de rojo, que mira al espectador, aunque sin razones objetivas
para suponer que sus facciones correspondan a las del artista. La lidia
improvisada, tiene lugar en un escenario urbano, poco adecuado para una
verdadera faena. […]
El tapiz resultante estaba
destinado a la decoración de uno de los entrepaños del antedormitorio de los
príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su mujer María Luisa de Parma) en
el Palacio de El Pardo de Madrid. [...] La serie de la que formaba
parte, fechada entre 1778 y 1780, estaba compuesta por trece cartones de
asuntos variados, diez de los cuales se conservan en el Museo del Prado.” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 15-7-2019).
La corrida de toros es un espectáculo que se hace en España y en otros países que consisten en lidiar toros bravos a pie o a caballo y finaliza con la muerte de la res. Se clasifican como becerradas, novilladas y corridas de toros según la edad de los animales, pero hay otras formas de jugar en los pueblos y ciudades con los toros durante sus fiestas, quizás las más famosas sean las siguientes: el “Toro embolado” más conocida como “Bous al carrer” o “Carrebous” en la que el animal lleva en cada cuerno una antorcha encendida, se suele celebrar en las Comunidades valenciana, catalana y aragonesa, en esta última se denomina “Toro de ronda”; el “Torneo del toro de la Vega” se celebra en Tordesillas y consiste en alancear al toro hasta la muerte; “Bous a la mar” que se celebra en Denia y tiene como finalidad que el animal caiga al mar; “Toro de Coria” que se celebra en esta localidad cacereña y consiste en soltar al toro por las calles para que los vecinos le ataquen; la “Corrida goyesca” que se celebra en Madrid y Ronda (Málaga) es un espectáculo normal en la que la variedad consiste en el atuendo de los toreros; los “Toros de Paiporta” (pueblo de Valencia) en la que solo pueden participar mujeres u hombres disfrazados de mujeres; los “Encierros de San Fermín” (Pamplona) en los que como indica su nombre se corren los toros desde el lugar en el que están encerrados hasta la plaza; Carnaval del toro” (Ciudad Rodrigo) que son corridas cuya característica es que se celebran durante los carnavales y se denominan el “Toro del Antruejo”, el “Encierro a caballo” y el “Toro del aguardiente”; la “Fiesta del toro enmaromado” en Benavente (Zamora) que consiste en jugar con el toro que está atado por los cuernos y el “Toro engalanado” de Beas del Segura (Jaén) en el que antes de que los participantes jueguen con el toro, las mujeres lo engalanan delante de la iglesia del pueblo.
LAS GIGANTILLAS
1791 –
1792. Óleo sobre lienzo, 137 x 104 cm.
“Dos niños, según el juego
conocido como de las “gigantillas”, llevan sobre sus hombros con esfuerzo a
otros dos más pequeños y bien vestidos. El que está de frente, sonríe y señala
con sus manos la empinada cuesta de dónde vienen y el valle adónde se dirigen.
Otro, más abajo, descansa sentado en el camino. Al fondo, un paisaje de
montañas y arboledas surcado por un río.
El tapiz resultante de este cartón estaba destinado, como sobrepuerta, a la decoración, “de asumptos de cosas campestres y jocosas”, del despacho de Carlos IV en la zona palaciega de San Lorenzo de El Escorial, encargada en 1790 y último proyecto de este género realizado por Goya. Se conocen dos bocetos para esta serie, de Las mozas de cántaro y de El pelele (Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza y Los Ángeles, The Armand Hammer Museum of Art), y siete cartones, de los que el Museo del Prado conserva seis.” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 15-7-2019).
En la entrada gigantillas de Wikipedia (30-7-2019) dice: “Gigantillas es el nombre que popularmente se da a los gigantes y cabezudos en la ciudad de Santander (Cantabria), España. En la actualidad el Ayuntamiento de Santander junto con la Asociación Gigantes y Cabezudos de Santander está recuperando esta tradición de más de 200 años de historia en la ciudad. Para ello se han reconstruido los 4 gigantes (don Pantaleón, doña Tomasa, la Repipiada y la Vieja de Vargas) y 2 cabezudos (Celes y Terio, vestidos como alguaciles de la época) que se tiene constancia pasearon a lo largo de todo el siglo XIX por las calles de Santander. Estas gigantillas realizan en la actualidad tres pasacalles al año: dos días en la Semana Grande de Santander (chupinazo y día de Santiago) y un día en los Santos Mártires.”
El Diccionario de Autoridades (1734) dice en esta entrada: “Gigantilla. s. f. Figura de pasta de una gran cabeza, y miembros desproporcionados en estatura pequeña. Destas (sic) se llevan dos por guía de los Gigantones en la procesión del Corpus, la una de hombre y la otra de mujer. Y por semejanza se llama así a la mujer muy gruesa y baja de cuerpo.” El DRAE, (Edición del Tricentenario) en la misma entrada dice así: “(De giganta e -illa). 1. f. Figura artificial con cabeza y miembros desproporcionados a su cuerpo. 2. f. Figura femenina de cabezudo (‖ persona disfrazada con una gran cabeza). 3. f. pl. Juego infantil en que un niño está a horcajadas sobre los hombros de otro.”
En Jerez llamábamos a este transporte
sobre los hombros, “llevar empapahuevos” y consistía en lo que se ve en la
imagen, lo que a veces era premio para el ganador y otras castigo para el
perdedor. A los toreros, cuando salen por la puerta grande, los sacan así
transportados unos fornidos y, seguramente, profesionales porteadores.
LOS ZANCOS
1791 – 1792. Óleo sobre lienzo, 268 x 320 cm.
“Dos jóvenes, sobre zancos de gran altura, se arriesgan en difícil equilibrio para cortejar a la joven asomada a la ventana de una magnífica casa de piedra. Les acompañan otros dos mozos a pie, tocando la dulzaina, y contemplan la escena hombres embozados en sus capas, con los sombreros de ala ancha cubriéndoles el rostro por completo, así como mujeres pensativas y niños alborozados. / El tapiz resultante de este cartón estaba destinado a la decoración, “de asumptos de cosas campestres y jocosas”, del despacho de Carlos IV en la zona palaciega de San Lorenzo de El Escorial…” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 15-7-2019).
Los zancos son conocidos también
como “geranos” Gorris (1976) y “grullas”. Tienen doble finalidad: son
utilitarios (pueden ser aprovechados para la vida ordinaria) y son instrumentos
para jugar. Según Valserra (1944) a los zancos los niños, de la Grecia clásica,
los llamaban “kolovatis”.
El Diccionario de Autoridades
(1739) en la voz zanco dice: “Palo alto y dispuesto con una horquilla en que se
afirma y ata el pie de que usan en las aldeas o lugares en los que hay que
pasar agua, para no mojarse. // Régim. De Princ. Lib. 2, part. I, cap. 13. ‘E llamábanle
enano, diciendo que había menester siempre grandes zancos e grandes cañas en
que anduviese.” En la misma entrada también dice: “Zancos. Llaman a los
danzantes, porque en algunas partes usan de unos zancos muy altos, y con ellos
bailan vistosamente y con extrañeza de los que los miran, y no se pueden parar
sin arrimarse o asirse a algo.” ¿Se refiere a los Danzantes de Anguiano (La
Rioja)?
En España los zancos se han
utilizado en algunos espectáculos de toros. En la provincia de León y otros
lugares han servido para vadear los ríos y para que en las fiestas populares
existan unos gigantones que, además de mantenerse en equilibrio, hagan
verdaderas diabluras como malabarismos, sentarse y levantarse, correr, saltar,
subir y bajar escaleras, etc. También se han
llegado a utilizar para trabajos tales como limpieza de ventanas, reparación de
tejados o pintura de techos. Se dice que los ganaderos de la región de Landes, al sur de Francia solían vigilar a las ovejas desde lo alto de unos
zancos y que los cultivadores de árboles
frutales en California utilizan zancos de aluminio para facilitar sus tareas
habituales.
Aleluya del siglo XIX: “Los zancos a grande altura, / más que juego es travesura.”
MUCHACHOS COGIENDO FRUTA
1778. Óleo sobre lienzo, 119 x 122 cm.
“Un niño, sobre las espaldas
de otro, trepa a un árbol, sacudiendo la rama cargada de frutas, para que otros
dos, esperando debajo, las reciban en su sombrero.
El tapiz resultante de este
cartón colgaba como decoración de sobrepuerta en el comedor de los príncipes de
Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma) en el Palacio
de El Pardo de Madrid. Es una de las cuatro escenas de un conjunto (P-776,
P-773, P-772). La serie de la que formaba parte se componía de diez tapices de
asuntos “campestres” (todos conservados en el Museo del Prado, P00768-P00777), siendo su
composición ya en estos años de invención del propio Goya, como consta en los
documentos relativos al encargo.”
(En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 15-7-2019).
Robar fruta del huerto del vecino, a veces, era una
necesidad pero también una especie de juego, una aventura: uno vigilaba, otro
saltaba la tapia, trepaba al árbol y hurtaba mientras los demás, compartiendo
emoción, esperaban para participar en el reparto y en el disfrute de la comida.
Las características del juego, según Seybold (1976)
son las siguientes: 1ª. Ante todo es acción
libre: el juego impuesto ya no lo es en sentido estricto, porque en su
forma original emana del placer de jugar. 2ª. No es la vida
ordinaria, propiamente dicha, todo lo contrario, permite salir de
ella y abre una esfera distinta; como el juego por su misma índole sólo puede
ser un intermedio (recreo, entretenimiento) en la vida cotidiana, es molesto
cuando se convierte en obligación, en oficio. 3ª. En el juego siempre algo en suspenso, su resultado
es incierto puesto que cada participante tiene posibilidades de ganar y
sólo mientras el desenlace no sea seguro continúa; la decisión le pone punto
final. 4ª.
Crea orden que es
dado por las reglas del juego y si no existen se crearán para seguir jugando,
orden que introduce elegancia y exige distanciarse de la propia voluntad de
imponerse. 5ª.
Se desarrolla dentro de ciertos límites
de tiempo y espacio, es encerrado y tiene fin, comienza y termina pero
puede repetirse. 6ª.
Estimula la sociabilidad,
crea comunión de intereses.
En la
apropiación indebida de los frutos del árbol, parece que se dan todas las
características del juego.
MUCHACHOS JUGANDO A LOS SOLDADOS
1779. Óleo sobre lienzo, 146 x 94 cm.
“En este cartón para un tapiz de
sobrepuerta varios niños juegan a soldados, marchando con sus fusiles al hombro
o tocando el tambor. La animación del soldadito principal, el aire marcial y el
orgullo gracioso e infantil con el que se enfrenta al espectador constituyen
uno de los más altos logros en la representación de la infancia de toda la obra
de Goya.
El tapiz resultante estaba destinado a la decoración del dormitorio de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su mujer María Luisa de Parma) en el Palacio de El Pardo, cercano a Madrid, enfrentado a La feria de Madrid. La serie de la que formó parte, fechada entre 1778 y 1779, estaba compuesta por siete cartones de asuntos varios, de los que seis se conservan en el Museo del Prado (P00779-P00784).” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 15-7-2019).
En la entrada soldado de Wikipedia
(2-8-2019) dice: “En tiempos de la República romana y con
anterioridad a la época de Cayo Mario, las costumbres familiares respecto a los hijos que
algún día serían soldados eran las siguientes: A los 17 años, el padre regalaba
al hijo una cota de malla, un casco, una espada, un puñal y unas espuelas. La madre le regalaba las caligae, la funda para el
escudo, el macuto, un penacho de crines y el sagum o capa militar.
Las hermanas, si las había, tejían los calcetines y confeccionaban seis o siete
túnicas. Un soldado,
en su sentido más general, es un individuo que se ha alistado, voluntariamente
o en cumplimiento de un servicio
militar obligatorio, en las fuerzas armadas de
un país soberano,
recibiendo entrenamiento y equipo para defender a dicho país y sus intereses… La palabra castellana soldado es
una de las más difundidas por el mundo numerosas lenguas
la han tomado prestada… Un soldado no es necesariamente un combatiente. Aunque todos los soldados
reciben algún tipo de entrenamiento de combate básico, muchos realizan
servicios en posiciones distintas a las de combate.”
En la España de la
postguerra, los niños coleccionaban soldaditos de plomo, jugaban a los soldados
y a la guerra. Como soldados desfilaban con gorros de papel (un periódico
convenientemente doblado) y un fusil de madera al hombro (si no había fusil
valía un palo o una caña) casi se puede decir que jugando se preparaban para
ser militares. Para las batallas (posiblemente las pedreas fueron sustitutivos)
construían trincheras, ganaban o perdían, eran o hacían prisioneros y además
tenían sus cornetas, tambores, etc. con los que se divertían. Ahora,
afortunadamente en España no hay guerra, el Ejército se ha profesionalizado y
los niños juegan a otras cosas.
MUCHACHOS TREPANDO A UN ÁRBOL
1791 – 1792. Óleo sobre lienzo, 141 x 111 cm.
“Tres niños, vestidos
pobremente, se ayudan unos a otros para trepar a un árbol, tal vez con la idea
de coger nidos. Al fondo se combina el paisaje montañoso de la izquierda con la
mole de un castillo medieval, a la derecha.
El tapiz resultante de este cartón estaba destinado, como sobrepuerta, a la decoración, “de asumptos de cosas campestres y jocosas”, del despacho de Carlos IV en la zona palaciega de San Lorenzo de El Escorial, encargada en 1790 y último proyecto de este género realizado por Goya. Se conocen dos bocetos para esta serie, de Las mozas de cántaro y de El pelele (Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza y Los Ángeles, The Armand Hammer Museum of Art), y siete cartones, de los que el Museo del Prado conserva cinco.” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 15-7-2019).
La trepa es una actividad física que
exige fuerza y gran coordinación. Quizás
la modalidad más conocida y más practicada sea la cucaña, actividad que Wikipedia (1-8-2019) describe así:
“El juego de la ‘cucaña’, también conocido como palo ensebado, consiste en escalar, trepar y marinear, solo con
ayuda de brazos y piernas, por un poste vertical u horizontal
de aproximadamente cinco metros de longitud, que suele estar alisado o
embadurnado con alguna sustancia resbaladiza. Este juego se originó como pasatiempo en Nápoles durante el
siglo XVI. También se practica en muchos países de América Latina y en
Filipinas, donde puede conocerse por uno o ambos nombres.”
D.
Antonio Viñayo (1992) cuenta una versión diferente de esta actividad: “Todavía
son muchos los pueblos de León que continúan organeando las mayas a cargo de la
mocedad. Ello es que, […] la noche del último día de Abril los mozos van al
plantío comunal y talan los dos chopos más gallardos, que los mozos mismos
acarrean a la plaza de la iglesia. Allí bien pelados, los izan coronados con un
pelele, masculino el de la derecha y femenino el de la izquierda. Son el mayo y
la maya, o las mayas. Es el ancestral culto al árbol... Roma los elevaba en
honor de Júpiter y Juno. León los pina como bienvenida al mes “florido y
hermoso” de las coplas, a honra del santo patrono de la parroquia, en homenaje
al misacantano del pueblo. En el Occidente leonés... una pareja de jóvenes,
chico y chica, se cubren de ramaje y así pasean por el pueblo, como árboles
vivientes.”
El Diccionario de Autoridades (1734) dice en la entrada mayo: “Se llama también el árbol alto adornado de cintas, frutas y otras cosas, que se pone en un lugar público de alguna Ciudad o Villa, a donde todo el mes de mayo concurren los mozos y mozas a holgarse y divertirse con bailes y otros festejos.” La edición de 1984, dice: “6. Pl. Música y canto con que en la noche del último día de Abril obsequiaban los mozos a las solteras.”
NIÑO DE ESPALDAS TOCANDO EL TAMBOR. ÁRBOL Y PÁJARO
1778 – 1790. Lápiz negro, Pluma, Tinta ferrogálica sobre papel verjurado, 187 x 129 mm.
“Goya dibujó a lápiz,
posteriormente repasado a pluma, un apunte de niño tocando el tambor, visto de
espaldas. El Cuaderno italiano contiene
cuatro páginas con el mismo motivo del niño del tambor desde diferentes puntos
de vista (pp. 71, 73, 75 y 78). Parecen apuntes espontáneos tomados del natural
y podrían ser parte de los estudios preparatorios de dos cartones para tapices
del dormitorio del Príncipe de Asturias en el palacio del Pardo, datados el 5
de enero de 1779. En concreto, el niño recuerda a las figuras infantiles, una
con tambor, de Muchachos jugando a soldados (Museo
del Prado, P00783) y al pequeño con
sombrero, de espaldas y tocando el tambor de Niños del carretón (Ohio,
Toledo Museum of Art, 59.14)…” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 16-7-2019).
El tambor ha sido y es
un juguete muy apreciado por los niños (plural genérico) pero hay otros
juguetes que producen sonidos como ellos, como son los sonajeros (el primero que
manipula el bebé), los silbatos, los pitos, las flautas, etc.
En España el tambor se
utiliza mucho y no, precisamente, solo por niños sino por estos y por mayores,
así las bandas de cornetas y tambores de las cofradías de Semana Santa que
durante todo el año ensayan para desfilar en la citada festividad y las famosas
las tamborradas que se celebran en bastantes localidades españolas en las que
se reúnen numerosos participantes de todas las edades y durante horas y horas
golpean con mazas o repiquetean con palillos o baquetas en las pieles de los
tambores.
NIÑO DE PEFIL TOCANDO EL TAMBOR
1778 – 1779. Lápiz negro, Pluma, Tinta
ferrogálica sobre papel verjurado, 187 x 129 mm.
“Los cuatro apuntes de un niño tocando el tambor incluidos en el Cuaderno italiano (pp. 71, 73, 75 y 78), probablemente estudios del natural, pueden relacionarse con los cartones para tapices del dormitorio del Príncipe de Asturias en el palacio del Pardo, como Muchachos jugando a soldados (Museo del Prado, P00783) y Niños del carretón (Ohio, Toledo Museum of Art, 59.14), documentados el 5 de enero de 1779.” (Texto extractado de Mena Marqués, Manuela B. en: Cuadernos italianos en el Museo del Prado: de Goya, José del Castillo, Mariano Salvador Maella [Recurso electrónico] Museo Nacional del Prado, 2013, p. 690).” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 16-7-2019).
Para Wikipedia
(1-8-2019) “Un tambor es
un instrumento de percusión de sonido indeterminado, perteneciente
a la familia de los membranófonos según el
sistema de clasificación de Hornbostel-Sachs. Consta de
una caja de resonancia, que suele ser de forma cilíndrica, y una membrana llamada parche, que cubre la
abertura de la caja. Algunos tipos de tambores tienen parches en ambos lados.
El sonido se
obtiene al golpear el instrumento en el parche con la mano o con baquetas. También se
suele percutir la caja.
Los tambores generalmente se tocan
golpeando con la mano, o con una o dos palos o baquetas. Se utiliza
una amplia variedad de palos, incluidos palos de madera y palos con batidores
suaves de fieltro en el extremo. En el jazz, algunos bateristas usan pinceles
para un sonido más suave y silencioso. En muchas culturas tradicionales, los
tambores tienen una función simbólica y se utilizan en ceremonias religiosas.
Los tambores se usan con frecuencia
en la musicoterapia, especialmente
los tambores de mano, debido a su naturaleza táctil y su fácil uso por parte de
una amplia variedad de personas.
Los tambores
adquirieron incluso un estatus divino en lugares como Burundi, donde
las karyenda eran un símbolo del poder del
rey.”
NIÑOS INFLANDO UNA VEJIGA
1777 – 1778. Óleo sobre lienzo, 116 x 124 c
“Goya inició en esta serie
de cartones sus escenas infantiles. Aquí, el niño en primer término infla con
esfuerzo una vejiga, mientras su compañero espera. Dos mujeres aparecen
sentadas al fondo, una en actitud pensativa, con la cabeza apoyada en la mano,
característica de la melancolía, y la otra mirando con seriedad al espectador.
El tapiz resultante de este cartón colgaba, como decoración de una sobrepuerta,
en el comedor de los príncipes de Asturias (el futuro Carlos IV y su esposa
María Luisa de Parma) en el Palacio de El Pardo de Madrid. La serie de la que
formaba parte se componía de diez tapices de asuntos “campestres” (todos conservados en el Museo del
Prado, P00768-P00777), siendo su
composición ya en estos años de invención del propio Goya, como consta en los
documentos relativos al encargo.” (En
https://www.museodelprado.es/coleccion/. 16-7-2019).
En la entrada vejiga del Diccionario de la
Academia, edición del Tricentenario, dice: “Vejiga. Del
lat. vesīca. 1. f. Órgano muscular y membranoso, a manera de bolsa, que tienen muchos vertebrados y en el cual va depositándose la orina producida en los riñones. 2.
f. ampolla (‖ elevación de la epidermis). 3.
f. Bolsa pequeña formada en cualquier superficie y llena de aire u otro gas o de un líquido. 4.
f. Bolsa pequeña de tripa de carnero en que se conservaba un color para la pintura al óleo. 5.
f. coloq. Ur. Persona simple y fácil de engañar…”
A continuación cita y define la vejiga
de la bilis o vejiga
de la hiel, la vejiga de la orina, la vejiga de perro y la vejiga natatoria.
Cuando el dinero de los niños
no daba para comprar un balón o una pelota o su habilidad no les permitía
fabricarse una pelota de trapo echaban mano de las vejigas de mamíferos grandes
para jugar al fútbol o emplearlas como globos. Lo malo es que pronto estallaban
y eran escasas porque se utilizaban para embutir productos de la matanza.
VIEJA COLUMPIÁNDOSE
1826 – 1828. Aguafuerte, Rascador sobre papel continuo, 289 x 204 mm.
“Los aguafuertes conocidos como Últimos caprichos han sido
considerados parte de una serie inconclusa, o bien obras sueltas
complementarias de los álbumes de dibujo realizados por Goya en Burdeos. La
supuesta mención a este conjunto podría encontrarse en la carta remitida por el
artista a Joaquín María Ferrer, su amigo exiliado en París, el 20 de diciembre
de 1825, donde en respuesta a la sugerencia de Ferrer sobre la reedición de
los Caprichos, Goya comentaba: “Tengo
mejores ocurrencias en el dia para que se entendieran con mas utilidad”. Dando
por supuesto que esas “mejores ocurrencias” fueran estos aguafuertes, la fecha
de la carta se ha tomado como base para datar los Últimos caprichos entre 1826 y 1828.
Tan sólo se conservan
pruebas de época del artista de dos de las cuatro composiciones: El cantor ciego y Viejo columpiándose. De las
otras dos [Maja sobre fondo oscuro y
Contrabandista andaluz] únicamente existen estampaciones póstumas.
La lámina de El cantor ciego, separada del
resto, perteneció a Paul Lefort. En 1922 se encontraba en poder de Edmond
Gosselin, y posteriormente pasó a la colección Zdenko Bruck de Buenos Aires. De
El cantor ciego se conservan dos pruebas de estado anteriores a la punta seca y
buril, pertenecientes a la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid [Inv. 11604] y
al Kupferstichkabinett de Berlín.
Las otras tres
láminas de cobre, junto con dos planchas del grupo de Prisioneros, fueron adquiridas
en 1859 a Mariano Goya por el diplomático inglés John Savile Lumley, quien
había llegado a Madrid el año anterior como secretario de la Embajada del Reino
Unido. En 1926 la firma londinense Colnaghi se hacía con los cobres, vendiéndolos
en 1938 a Philip Hofer. Éste los donó al Museum of Fine Arts de Boston en 1970.
En los reversos de los tres cobres se encuentran grabadas similares composiciones a las del recto, aunque abiertas sólo al aguafuerte. Todos los reversos parecen ser copias muy próximas a tres diseños del Álbum H de Burdeos –Álbum H 22, 31 y 58–, dibujos que sirvieron de referencia para los grabados del anverso. Parecidos en su ejecución a otras interpretaciones decimonónicas de la obra de Goya, existe unanimidad en considerar a dos de esos reversos [Maja sobre fondo claro y El embozado] realizados por una mano distinta del artista, y respecto al tercero [Vieja columpiándose] también existen dudas razonables de su atribución a Goya…” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 16-7-2019).
VIEJO COLUMPIÁNDOSE
1826 – 1828. Aguafuerte, Aguatinta, Bruñidor, Aguada sobre papel continuo, 289 x 204 mm.
“Los aguafuertes conocidos como Últimos caprichos han sido considerados parte de una serie inconclusa, o bien obras sueltas complementarias de los álbumes de dibujo realizados por Goya en Burdeos. La supuesta mención a este conjunto podría encontrarse en la carta remitida por el artista a Joaquín María Ferrer, su amigo exiliado en París, el 20 de diciembre de 1825, donde en respuesta a la sugerencia de Ferrer sobre la reedición de los Caprichos, Goya comentaba: “Tengo mejores ocurrencias en el día para que se entendieran con más utilidad”. Dando por supuesto que esas “mejores ocurrencias” fueran estos aguafuertes, la fecha de la carta se ha tomado como base para datar los Últimos caprichos entre 1826 y 1828...” (En https://www.museodelprado.es/coleccion/. 16-7-2019).
NOTA. Para “Vieja columpiándose” y “Viejo columpiándose” ver
“columpio”
FUENTE
MUSEO DEL PRADO. En https://www.museodelprado.es/coleccion/.
BIBLIOGRAFÍA
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WIKIPEDIA. Diversos artículos reseñados en el texto.
León, noviembre de 2025
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